Infraestructuras y seguridad. Sistemas de contención de vehículos

Sergio Corredor Peña, Director General de Simeprovi (Asociación Española de Fabricantes de Sistemas Metálicos de Protección Vial)

Cada año el siete de enero concluyen las fiestas navideñas, y es el momento en que comenzamos a poner en práctica los propósitos para el nuevo año. Lamentablemente no todos pueden decir esto, ya que cada siete de enero también se nos informa sobre el trágico balance de accidentalidad en las carreteras durante las fiestas, y de las cifras generales del año anterior. En los últimos años estas cifras se han visto reducidas apreciablemente, pero esto no es consuelo para todos aquellos afectados por los accidentes de tráfico que se siguen produciendo, por lo que es preciso seguir trabajando e investigando para reducir al mínimo dicho balance.

Si se analizan las cifras, se puede comprobar que algunos datos son recurrentes año tras año. Uno de ellos es que más del 35% de los muertos en accidente de tráfico se producen porque un vehículo abandona la calzada de una forma incontrolada. Las causas de estos accidentes pueden ser diversas, y depender de factores humanos, técnicos o meteorológicos, pero en cualquier caso, una vez el vehículo sale de la carretera, adquieren siempre una importancia clave los elementos peligrosos que se va encontrar (obstáculos, desniveles pronunciados, otras carreteras, etc.) y la forma en que los mismos están protegidos. Todo ello va a influir decisivamente en que un posible accidente mortal se convierta en un mero incidente sólo con daños en el vehículo.

La adecuación y protección de los márgenes de las carreteras es por tanto esencial para aumentar las posibilidades de que los ocupantes de los vehículos accidentados puedan contar lo ocurrido como una simple anécdota. Entre los dispositivos empleados para la protección de los laterales de las carreteras, los llamados sistemas de contención de vehículos, destacan por su uso generalizado las barreras de seguridad. Estos productos están diseñados para retener a los vehículos y llevarlos de una forma controlada a su trayectoria original, sin causar daños de consideración a sus ocupantes.

Las barreras se deben instalar en aquellos tramos de carretera en los que existen en sus proximidades elementos que puedan causar a los implicados en los accidentes daños superiores al del propio impacto con la barrera, el cual es conocido, ya que estos productos siempre deben ser ensayados a escala real previamente a su instalación en las carreteras. Estos ensayos y los controles de fabricación, también obligatorios según la normativa europea vigente, están certificados por organismos independientes, lo que garantiza el adecuado comportamiento de las barreras en las condiciones para las que han sido diseñadas.

Lo anterior es válido para todos los usuarios que circulan por las carreteras. Es decir, existen barreras adecuadas para coches, pero también para vehículos pesados, como autocares o camiones de hasta 38 toneladas. Y por supuesto sin olvidarnos de usuarios más vulnerables como son los motociclistas. Las barreras de seguridad pueden suponer en sí mismas un riesgo para estos usuarios, por lo que existen sistemas especialmente diseñados para su protección. España ha sido uno de los principales impulsores a nivel mundial de la normalización y empleo de barreras seguras para los motociclistas, como así se ha reconocido en diversos foros internacionales.

Las herramientas para la protección de los márgenes están disponibles en el mercado, y además están incluidas entre las medidas más rentables que se pueden aplicar para la mejora de la seguridad vial. El siguiente paso lo dan las distintas Administraciones con competencia en carreteras, que establecen los criterios para la implantación de las barreras en sus respectivas redes, teniendo en cuenta las características particulares de las mismas y los tráficos que circulan por ellas.

La correcta instalación de las barreras, y su correcto mantenimiento y reparación son aspectos de la mayor relevancia, y que en ningún caso de deben descuidar.

La difícil situación económica que todos padecemos ha hecho que las partidas destinadas por las administraciones a estos elementos de seguridad, y en general al mantenimiento de las carreteras, se haya reducido considerablemente en los últimos años. Este hecho es difícilmente justificable, si tenemos en cuenta la importante repercusión, no sólo humana, sino también económica, que tienen los accidentes de tráfico. Analizando las tasas de rentabilidad que tienen las actuaciones sobre los elementos que conforman las carreteras y su equipamiento, y sus efectos positivos para la seguridad de la circulación, se concluye que estas medidas no suponen un gasto sino una inversión.

El trabajo realizado en nuestro país por todos los organismos públicos y privados, y la concienciación de la Sociedad, han hecho que los niveles de seguridad de nuestras carreteras hayan mejorado más que la media europea en la última década. Este esfuerzo común se deberá seguir manteniendo si queremos que cada año, menos personas vean truncadas sus vidas debido a una imprudencia o distracción, o al mal estado de su vehículo o de la carretera. Este debe ser el objetivo de todos.

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