Difundir el conocimiento y contar las mejores historias

Juan Francisco Lazcano Acedo, Presidente de la Asociación Española de la Carretera

Carta Abierta publicada en la Edición Especial 200 de la revista Carreteras, Marzo/Abril de 2015

El paso del mito al logos en la antigua Grecia; las calzadas romanas como herramienta de conquista y progreso en la Roma imperial; la imprenta encendiendo la mecha del Renacimiento; los medios de comunicación, notarios y artífices a un tiempo de la revolución científica de los siglos XIX y XX…

 Son algunos de los “reactivos” más importantes que nos ayudan a entender la evolución de la Ciencia en el discurrir de la Historia. “Sustancias” fundamentales en el quehacer del investigador que le permiten acceder a nuevas materias, allá dónde estén, listas para ser desbrozadas e incorporadas al conocimiento universal.

 Y es que hay reactivos que pueden ser a la vez causa y efecto pues, con su sola intervención, dejan al descubierto dimensiones capaces de cambiar por completo nuestra forma de entender el mundo. Los medios de comunicación responden muy probablemente a este retrato. Difundiendo a gran escala el saber científico, nos ayudan a interiorizar lo que nos rodea y a descubrirnos a nosotros mismos. Y así es como transforman, sin posibilidad de vuelta atrás, la realidad.

 Los primeros medios nacieron en el siglo XIX. Eran los tiempos de las gacetas, que, en el siglo XX, pasaron a convertirse en revistas y periódicos, para dar paso a mitad de centuria a emisoras de radio y canales de televisión que se colaron en las casas de millones de personas en todo el planeta. Hasta llegar a la actual revolución que agita Internet y las redes sociales.

 El conocimiento relativo a las infraestructuras viarias no se ha mantenido ajeno a todo este proceso transformador; algo de lo que pueden dar buena cuenta tanto la Asociación Española de la Carretera como su revista técnica, Carreteras.

 La revista Carreteras remonta sus orígenes al año 1951. Pocas cosas me producen tanta satisfacción al frente de la AEC como comprobar que su cabecera técnica ha sido capaz de pervivir a lo largo de las décadas sin menoscabo de su esencia, adaptándose a las necesidades de cada momento. Y todo ello sin renunciar un ápice al fin último que le dio vida hace más de medio siglo y que no es otro que erigirse -por rigor, solvencia y calidad- en la mejor plataforma editorial para la comunidad científico-técnica dedicada al sector viario en el mundo de habla hispana.

 En todo este tiempo, la travesía para las carreteras no ha sido, qué duda cabe, sencilla. El momento actual es buen ejemplo de ello. Pese a que los vientos ya no son tan gélidos como hasta hace poco, el horizonte del sector viario continúa bajo la amenaza de algunos nubarrones que enturbian la estampa y nuestro ánimo.

 Sin embargo, toda crisis es también una oportunidad para rearmarse y ser capaz de afrontar con garantías las dificultades que se presenten en el futuro. A ello ha contribuido desde su primer número la revista Carreteras. En su haber, un ingente patrimonio científico-técnico formado por extraordinarios artículos y tribunas que, a modo de retrospectiva, ya son de lectura obligada para conocer la foto fija del sector viario de nuestro país desde la segunda mitad del siglo pasado hasta hoy.

 El camino ha sido largo y el torbellino de la Historia llegó a ser tan devastador en algunos momentos que amenazó con llevarse por delante la Historia misma. Sin embargo, como ya aprendimos de los ingenieros que trabajaron al servicio de los emperadores romanos, pasarán los años, los momentos de zozobra y las disputas, pasará el tiempo con su implacable latido. Pasará todo ello y mucho más, pero nos sobrevivirán tanto el conocimiento científico como la mayoría de sus ingenios, acaso una vieja calzada o una carretera, tal vez esa misma que nos llevó tan lejos.

 Cuando todo eso suceda, siempre nos quedará una senda que conduzca a un futuro en el que podamos seguir escribiendo nuestra propia historia. Cuando todo esto suceda, estoy convencido de que la revista Carreteras querrá estar ahí -como siempre- para contarlo.

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